| El apéndice de El Musel |
![]() Fuente Noticia: elcomerciodigital.com Para los vecinos de Portuarios, el término que da nombre a su barrio es algo más que una simple palabra. Representa un modo de vida, un sentimiento, un pasado, un presente y un futuro ligados a El Musel. «El barrio siempre ha vivido y subsistido del puerto», reconocen los dirigentes de la asociación vecinal. No es de extrañar, pues, que las viviendas del poblado estén orientadas a la mar desde su privilegiada posición en la ladera del monte Aboño. Porque los vecinos de Portuarios siempre han mirado al puerto desde que sus padres y abuelos lograran allá por mediados del siglo XX la construcción de un barrio en el que se pudieran alojar mientras durasen sus contratos como estibadores en El Musel.
Ya sólo con reparar en el origen de Portuarios aflora el estrecho vínculo entre el barrio y el puerto. Fue la institución pública Organización de Trabajos Portuarios (OTP) la encargada de levantar las viviendas que darían forma al barrio para que los estibadores abandonaran las chabolas en donde vivían. En un primer momento, las casas daban cobijo a los trabajadores temporales, por lo que fueron pasando por las manos de diferentes marineros en función de la duración de los contratos. No fue hasta la década de los noventa cuando las viviendas quedaron en propiedad de los portuarios tras la disolución y consiguiente venta del patrimonio de la OTP, momento en el que muchos estibadores aprovecharon para vender las casas. Esta operación provocó la llegada de nuevos residentes a Portuarios, aunque el barrio nunca perdió su vinculación con El Musel. De hecho, más allá de los problemas concretos del lugar, la asociación vecinal mira con preocupación hacia la situación laboral de los trabajadores de El Musel. «Queremos recalcar la desaparición del colectivo de estibadores, influenciada por la aparición de las nuevas tecnologías. El paro les pegó un palo enorme y no entendemos que el puerto crezca y el paro también aumente», subraya el presidente vecinal, Luis Ángel Fernández. Por ello, aludiendo a la vinculación con El Musel, considera que «si alguien tendría que beneficiarse del aumento de la actividad del puerto es la gente de este barrio». Y añade: «Duele ver a nuestra juventud sin trabajo cuando los padres y los abuelos dieron su vida por El Musel». El boom del club de fútbol Este sentimiento de pertenencia a un colectivo perfectamente identificado como el de los estibadores ganó importancia en Portuarios gracias al tesón de Teodoro Fernández, fundador del Hogar del Pensionista, y, sobre todo, a raíz de la fundación del Club Deportivo Portuarios. «Hubo un agrupamiento en torno a los valores que Teodoro Fernández nos proporcionaba. Asimismo, la fundación del equipo de fútbol supuso un 'boom' para el barrio porque se empezaron a pedir cosas al Ayuntamiento», explica Luis Ángel Fernández. Por tanto, no era de extrañar que hasta cuatro autobuses llenos de aficionados acompañaran al Club Deportivo Portuarios en todas sus salidas. Tras el auge que supuso para el barrio la buena trayectoria del equipo de fútbol, años más tarde Portuarios sufriría otro cambio trascendental con el lavado integral de cara provocado por el Plan Urban. «Para nosotros fue otro 'boom', ya que facilitó el lanzamiento del barrio, la desaparición o reconversión de algunos edificios emblemáticos y hasta la llegada de las nuevas tecnologías», subrayan los dirigentes vecinales. Pero esta reconversión de los edificios más emblemáticos de Portuarios -como el Hogar del Pensionista, el Hogar del Procurador o el economato- no trajo consigo una mejora de las viviendas, demanda que se ha convertido en el principal caballo de batalla del colectivo vecinal. «La humedad nos afecta mucho. Hemos solicitado al Ayuntamiento una rehabilitación de 174 viviendas y 19 portales. Pero nuestro objetivo es que se designe al barrio como de interés social», indica Luis Ángel Fernández. De hecho, esta circunstancia también ha afectado al local social, que tiene los cables sueltos, no cierran las ventanas y carece de calefacción. «Es de la época del cromañón», sentencian. |



















